LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
Las mujeres en la historia de la lingüística

Las mujeres en la historia de la lingüística

Cada año debo pedir perdón en clase por el apabullante dominio de las voces masculinas en las teorías lingüísticas que les enseño. Aunque no me he atrevido a expresarlo así, lo cierto es que pido disculpas porque esa circunstancia se debe en parte a una tarea que no he hecho aún. Es fácil rellenar un currículo de lingüística con nombres como Saussure, Hjemslev, Trubetskoi, Jackobson, Chomsky, etc. ¿Significa eso que las mujeres se han mantenido ajenas al estudio de la lengua? No. Significa que, como en tantas otras cosas, los vencedores han conseguido definir el terreno de tal manera que solo haya hueco para ellos (nosotros). Por eso el libro editado por Wendy Ayres-Bennett y Helena Sanson, Women in the History of Linguistics, es un regalo que no podemos dejar de aprovechar para corregir nuestra historia, haciéndola así más rica y plural.

Women in the History of Linguistics

Esta obra no pretende ser una referencia general, pero ofrece muchas visiones en sus diecinueve capítulos y casi setecientas páginas. Imposible resumir aquí siquiera las ideas más importantes que contienen, pero sí quiero llamar la atención sobre un par de aspectos que me parece que podrían -deberían- cambiar el modo en que organizamos los cursos sobre lingüística.

El primero tiene que ver con la definición de lo que es la «lingüística». Si una cosa dejan clara los textos de este libro, es que la reducción de lo que se considera estudio de la lengua a su versión científica supuso a primeros del siglo veinte el borrado de muchas aportaciones previas, entre ellas casi todas las que habían realizado mujeres. La lengua se puede estudiar y cuidar de muchas maneras; el método científico es solo una de ellas. En Women in the History of Linguistics encontramos cientos de nombres de mujeres para las que los misterios del lenguaje eran una parte fundamental de sus vidas. No seguían los caminos institucionales, que tenían vetados, pero tampoco cejaban en su empeño. Esta particularidad, el trabajar fuera del reconocimiento, ha tenido una consecuencia material incorregible: mucho de lo que escribieron se ha perdido, no está firmado o incluso podemos suponer que se firmara a veces por hombres, reales o imaginarios.

Es llamativo comprobar que precisamente la lingüística, una rama de conocimiento que lleva mucho tiempo dominada por mujeres al menos en cuanto a número se refiere, ha sido uno de los campos más obtusos a la hora de recoger el guante de las reivindicaciones feministas de la segunda mitad del siglo pasado. Como destacan las propias Ayres-Bennett y Sanson, el interés por los estudios de género se concretó en el análisis del modo de hablar de las mujeres y en el lenguaje sexista, pero nunca en la revisión del canon.

El segundo aspecto es la amplitud de las diferentes contribuciones que han realizado las mujeres a la lingüística a lo largo de la historia. Las editoras del volumen enumeran en la introducción algunas de ellas: «producción de gramáticas, diccionarios, estudios filológicos, ediciones críticas, notas y escritos variados, descripciones de lenguas ‘exóticas’, métodos de enseñanza y adquisición de lenguas, debates lingüísticos, políticas lingüísticas, y reflexiones sobre el lenguaje y la escritura». Los capítulos recorren siglos y continentes. Nos dan detalles desde multitud de ángulos, especialmente: la lengua de las mujeres, la enseñanza de lenguas, la creación de lenguas y escrituras, el estudio (y patrocinio a veces) de textos metalingüísticos, la autoría de estudios, la traducción, y la documentación y preservación de lenguas y textos.

Wendy Ayres-Bennett y Helena Sanson creen que este libro abre el camino para muchos estudios posteriores. Advierten que quedan muchos manuscritos por encontrar y pseudónimos que identificar. «Hay mujeres que tienen que encontrar aún su lugar en el canon tradicional masculino de la lingüística». Es un trabajo fundamental que debe ser apoyado no solo facilitando esas investigaciones, sino haciendo el esfuerzo de ser permeables a sus resultados.

[Agradezco a la editora Oxford University Press que me haya permitido leer el libro incluso antes de su publicación para poder escribir esta entrada.]

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