Las (nuevas) leyes de la robótica

Isaac Asimov incluyó en su cuento “Runaround” tres leyes de la robótica que acabaron trascendiendo el ámbito literario. Corría el año 1942 y la realidad tecnológica no permitía aún predecir la velocidad a la se desarrollaría la automatización en las décadas siguientes. Sus populares leyes son:

  1. Un robot no puede dañar a un ser humano o permitir por inacción que un ser humano sea dañado.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por un ser humano salvo en el caso de que esas órdenes entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia salvo en el caso de que su protección entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Han pasado ochenta años. Ahora la necesidad de una regulación de los robots no se percibe como una cuestión futurista, sino más bien como un deber al que llegamos tarde. El experto en Derecho e Inteligencia Artificial Frank Pasquale ha publicado un libro con una propuesta de actualización de las leyes de Asimov, a las que añade ahora cuatro nuevas.

Portada del libro New Laws of Robotics

La preocupación de Pasquale parte de la situación del mercado laboral tras la revolución automatizadora que estamos viviendo, pero ese ámbito le sirve para tratar las principales cuestiones legales de la IA, especialmente las relacionadas con el tratamiento de datos y la privacidad. Bajo esa óptica, nos advierte de que las leyes originales son ambiguas y difíciles de aplicar. Si, por ejemplo, un robot consigue aumentar la producción de alimentos a la vez que hace innecesaria la mano de obra de los trabajadores, ¿está causándole daño al ser humano o auxiliándolo?

Lo que más me interesa de la propuesta de Pasquale es que reconoce que el futuro no está escrito a pesar de que se empeñen en hacernos creer lo contrario. La automatización podría ser una catástrofe laboral -y no solo laboral- para la mayoría de la población, pero no tiene por qué ser así. Todos los escenarios están aún abiertos aunque tendamos hacia el lado equivocado. Nos propone las siguientes leyes para corregir la dirección y sacar lo mejor de la automatización:

  1. Los sistemas robóticos y la IA deben complementar el trabajo humano, no reemplazarlo. Es una condición clave en la que reivindica “la importancia del trabajo significativo para la autoestima de las personas y el gobierno de las comunidades”. Las máquinas deben reservarse para aquellas tareas que son peligrosas o humillantes, y para mejorar aquellas otras para las que las personas sí sienten vocación.
  2. Los sistemas robóticos y la IA no deben imitar a la Humanidad. Me gusta mucho esta ley, que debería ser de sentido común. Estamos en una carrera por ver quién consigue antes construir entes artificiales que puedan confundirse con los humanos, como el niño de la película de Spielberg A.I. Inteligencia Artificial. Es muy fácil imaginar todo lo que puede salir mal de ese empeño, pero Pasquale llama la atención además sobre todo lo malo que hace falta para conseguirlo: una vigilancia intensiva del ser humano, de cada uno de nuestros movimientos y acciones. En el Procesamiento del Lenguaje Natural llevamos cierta ventaja en esto de la imitación,
  3. Los sistemas robóticos y la IA no deben intensificar las carreras armamentísticas de suma cero. El miedo a que otros países consigan armas automáticas más avanzadas nos ha metido en una competición silenciosa de desarrollo armamentístico. En el recuerdo tenemos aún los casos del s.XX, especialmente el nuclear, y qué consecuencias tuvieron.
  4. Los sistemas robóticos y la IA deben indicar la identidad de sus autores, controladores y propietarios. El anonimato en este sentido imposibilitaría cualquier control o reclamación de responsabilidades. La IA plantea varios retos en este sentido con sistemas que son capaces de reproducirse y mutar artificialmente.

El libro es una lectura muy recomendable porque deja clara la importancia de tomarse en serio la regulación del ámbito robótico. Estamos permitiendo que las tecnologías cambien nuestro mundo antes de tener el tiempo necesario para pensar cómo integrarlas en él o incluso si nos interesan. Las explicaciones de Pasquale nos hacen ver que, si esto ya es un error con las redes sociales y las apps de nuestros teléfonos, lo es mucho más con robots que ocupan físicamente nuestro espacio.

Manuel Alcántara-Plá
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