LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
¿Quién vigila las grandes plataformas digitales en las elecciones a la Comunidad de Madrid?

¿Quién vigila las grandes plataformas digitales en las elecciones a la Comunidad de Madrid?

Las últimas elecciones en los Estados Unidos fueron un hito en la breve e intensa historia de amor entre las redes sociales y la política. Después de múltiples escándalos como el de Cambridge Analytica, los servicios públicos americanos decidieron que debían ponerse serios si pretendían tener una elecciones «limpias». Las grandes tecnológicas reaccionaron a tiempo. La primera fue Twitter, desarrollando una normativa específica sobre publicidad política y prohibiéndola en los días próximos a la votación. Pronto Google y Facebook hicieron lo propio. La pregunta que intento responder ahora es quién se va a preocupar de que también haya garantías en las elecciones de Madrid.

¿Internet y Democracia?

Mi investigación sobre el funcionamiento de las redes sociales me ha enseñado algo importante: estas empresas solo toman decisiones socialmente responsables si se las presiona. No es porque sean perversas, sino porque sus única prioridad es otra, el beneficio económico. La posibilidad de influir en matanzas y revoluciones no les ha incomodado en el pasado siempre que ocurrieran fuera de zonas donde su prestigio estuviera expuesto. Antiguos trabajadores nos lo han contado de primera mano. Sophie Zhang es un ejemplo conocido de Facebook por reconocer que «tenía sangre en sus manos» y que la compañía la había puesto en la posición de decidir sobre el destino de países enteros. Cita a Ecuador, Ucrania, España, Brasil… y declara que no actuaron a pesar de detectar manipulaciones peligrosas porque tenían otras cosas -más lucrativas- que hacer. En el caso de Ecuador, incluso se pregunta cuánta responsabilidad tienen sobre las muertes por COVID-19 ya que permitieron que cuentas falsas -que habían detectado- apoyaran intensamente las medidas del gobierno, que resultaron nefastas.

¿Qué ocurrirá en Madrid? Nos podemos hacer una idea observando acontecimientos recientes. Esta semana están teniendo lugar las elecciones generales en los Países Bajos y las medidas de las tecnológicas no se han parecido en nada a las que se tomaron en los EUA. Tanto estas plataformas como los partidos políticos se comprometieron antes de la campaña al juego limpio firmando un código específico de comportamiento con los anuncios online. Sin embargo, ninguna plataforma ha prohibido la publicidad política en ningún momento ni han establecido medidas para garantizar que el código se respetaba. Siguiendo su tradición, tampoco han sido transparentes en cuanto al modo en que han supervisado los contenidos que se compartían en ellas.

Uno de los puntos esenciales del código que firmaron consiste en no utilizar los datos personales para mandar publicidad «a medida». Sin embargo, el compromiso era voluntario y el Foro por la Democracia (FvD), el partido de ultra-derecha, no llegó siquiera a firmarlo. De hecho, ha centrado su campaña en las páginas de Facebook, que son las que permiten mayor detalle a la hora de utilizar esos datos personales. Curiosamente es el partido que más anuncios ha publicado en esta red.

Con estos precedentes, los poderes públicos, empezando por el Gobierno de España, tienen la obligación de establecer una reglas del juego (digital) para las campañas electorales que se desarrollen en su territorio. Si no lo hacen, estarán permitiendo una manipulación de los votantes que saben que va a ocurrir: tienen pruebas de todos los rincones del planeta. Los ciudadanos queremos garantías de que se protege el sistema democrático al menos en el momento en que es más sensible a la manipulación: durante las campañas previas a unas elecciones.

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